
Su cabellera a contraluz
cifra el brillo de la onda
emergiendo
sobre aguas que las alas no rozan
–el ángel duerme.
Al oriente extremo no hay señal
ni premuras del viento.
Luz azul en los cuerpos
si dibujan delfines sus dorsos en el agua
y distintos navegan
cielo y mar,
engaste de la ola.
El salto de la espuma
desliza al oído sus palabras.
Huellas de pequeños cangrejos
la ola desvanece,
frases inasibles
siempre en fuga–
pies que la arena deshace.

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