Frases de «Las señoras del narco» de Anabel Hernández.

Narrar historias de estas mujeres no tiene como fin hacer escarnio, ni someter a juicio sumario, sino explicar hasta que punto diversos sectores de la sociedad mexicana conviven con el crimen organizado y obtienen ganancias económicas de ello formando parte indirecta o directamente de las redes criminales en México. Solo así se pude comprender mejor hasta dónde se borran las fronteras entre el mundo ilegal o legal, y ayuda a reflexionar sobre qué mecanismo deben activarse para evitar que el narcotráfico contamine todo a su paso.

Tengo veinte años indagando el sistema criminal en México, a los cárteles de la droga y sus nexos al más alto nivel con el poder gubernamental, político y empresarial. Fuera del confort del cliché habitual, he explorado su modus operandi , su estructura y sus redes de complicidad. La búsqueda de respuestas y las consecuencias al encontrarlas han marcado mi propia historia.

El legado que tengo para mi hijos no es dinero, no son joyas, el legado que tengo para ellos es el que vean que la vida viene como viene y la tienes que enfrentar con dignidad, tomar buenas decisiones y tener la capacidad para rehacerte, reinventarte de las cenizas. Aquí no hay víctima. Sí, mi mamá hizo esto y deshizo, pero ¿cuánta gente no hay que vivió atrocidades y están haciendo cambios? ¿Por qué yo no puedo?

En México todo es posible, la corrupción es muy grande y una persona arrestada puede ser cambiada.

-Alguna vez él dijo algo sobre cuál era su concepto del gobierno de México? -le pregunto a Celeste. -Desprecio. Él siempre externaba desprecio porque le parecían muy ruines, muy despreocupados por la gente, esa es la realidad. Sentía desprecio. Y sentía presión porque tenía que generar muchos millones para alimentar a esa maquinaria de corrupción. Me decía: «Mija, es que no es tan fácil trabajar y operar, realmente lo dueños del negocio son ellos, el gobierno. No me engaño, los dueños del negocio son ellos. Me quieren hacer creer que soy yo, pero yo soy el que trabaja, el que corre los riesgos y todo. Ellos nomás están sentados recibiendo su dinero».

Aquí estoy dispuesta a dar una buena batalla, pero una batalla inteligente, en las trincheras correctas.

Si uno se pone en el lugar de los hombres, no son dueños de nada realmente. Joyas, relojes, todo se los quitan al final, cuando el gobierno quiere. Casas, ¡todo! Ellos no son dueños de nada, solo lo administran el tiempo que lo esconden de la autoridad, pero realmente no son dueños de nada. Los dueños de todo son los policías, las autoridades que van y se llevan sus pertenencias. La mayoría desaparece. Casi todo lo que decomisan se lo roban. Entonces, ¿de qué son dueños ellos? De los momentos que viven, es lo único que para ellos tiene al final algún valor. Los afectos por su familia, todas estas cosas.

Yo no soy nadie, pero Dios me dio herramientas muy poderosas para esta guerra, y no es contra una persona, es contra un sistema.

Intentamos estar allá como dos meses, más o menos…, pero lo que no funciona no funciona. Ese día llega el papá de mi hijo en muy mal estado, sabrá Dios de dónde, y empezó con una toalla a hacerme así -como si fuese un látigo-. Yo dije este señor ni al caso, yo tengo aquí a mi hijo… -inhala y exhala, agitada-, fue tan dura esa situación que romí una botella y se la iba a enterrar. Yo dije: «No, a mí ya no me vuelves a pegar». Cuando tú tienes esa violencia es que no puedes más, así que dije: «Esta no soy yo, este hombre saca la peor versión de mí». En la noche me escapé de Cancún con mi hijo, mi hermano y con Laura Torres.

El infierno en el que ellas «aman» es el mismo que nos consume como sociedad. Es a través de las señoras del narco y su interacción con los jefes de la droga que puede derribarse la barrera y no solo conocer los perfiles criminales, sino la psique de quienes los comandan.

Las quiero ♥

Terri S.