«Romance» de Rita Cetina Gutiérrez

Orillas de un arroyuelo

Que lindo prado regaba

De los céfiros mecida,

De las aves halagada,

Una nítida diamela

Graciosa se columpiaba,

Esparciendo por do quiera

Su delicada fragancia.

Prendados de su belleza,

De su hermosura y su gracia,

El ruiseñor y el jilguero

Su tierno amor le cantaban.

Ella cándida y modesta

Que sus cantos escuchaba

Se inclinaba dulcemente

Y sus pétalos cerraba.

Desdeñados los cantores

De su lado se alejaban

Y al aire daban las quejas

Que la flor les rechazaba.

Un tierno lirio, que airoso

Luciendo sus ricas galas

Entre las flores del prado

Orgullosos se ostentaba;

Ve que la blanca diamela

Pudorosa se recata

Esquivando las caricias

De las aves que la cantan;

Y doblándose en su tallo

Al soplo fugar del aura,

Mezcla su dulce perfume

Con el de la rosa blanca.

La rosa cual de las aves

Quiere esquivar su mirada…

Pero sus nítidas hojas

Con las del lirio se enlazan.

Sus bellas tintas la aurora

Tierna sobre ellas esmalta,

La mañana las sonríe,

Riega el arrollo sus plantas,

Y felices y dichosos

El lirio y la rosa blanca,

Dan aromas al ambiente,

Al prado esplendor y gala.

Envidiando la ventura

De las dos flores galanas,

La madre –selva que sola

Se mecía en la enramada,

Entre el lirio y la diamela

Enreda sus verdes ramas:

Y gozándose en su triunfo

A las dos flores separa.

Mírase la florecilla

De su caro amor privada,

y en las linfas del arrollo

Sepulta sus hojas blancas.

La ve con dolor el lirio

Sumergida entre las aguas

Con la madre –selva, en vano

Luchando para salvarla;

Y doblega tristemente

La mísera flor su planta;

Mientras que la madre-selva

Contempla a la par ufana,

Marchitando el tierno lirio,

Y muerta la rosa blanca.

Oh! la envidia, cuantas veces

A los amantes separa,

Cual madre-selva, enredando

Entre las flores sus ramas.


Comentarios

Deja un comentario