
Mira padre,
el lenguaje es un lecho fastuoso
y yo me salí de la vagina de la vida
en un viejo escalón.
Entonces, ¿en qué idioma lamento tu muerte?
Durante doce años enteros
Al-Khansa’* estuvo en la puerta de la escuela.
Yo farfullaba tras ella
como un loro sin lengua
y cada vez, las lágrimas brotaban de sus ojos,
criaturas de piel endurecida
atravesaban el desierto de mis ojos.
Mi madre corta la morera
cada vez que crece
para que sus raíces no partan la pared.
¿Qué lengua puede partir
mi tristeza por ti?
Recogí las palabras
de la memoria del árbol
de sus miembros desaparecidos,
Aré el lenguaje
de la fantasía del prado
de su extensión ausente.
Los gatos me enseñaron sus elegías
sobre los fetos
que nunca se formaron en sus vientres,
la muerte me ató a la puerta de la escuela,
pidiendo su parte;
No soy más que una palabra
saltando en su corta lengua
No soy más que una palabra que no puedo descifrar
Seré dicha y seré acabada
Si el lamento fuera maullido
o balido
yo me convertiría en él.
Sería un largo lamento
que convoca a mi padre
o una pregunta que me lleva
a él
No soy más que un nombre que se quedó en el vientre de Dios,
uno que olvidó enseñar a Adán.
Hazme saber de otros nombres
para que pueda decir otro.
Mira padre,
la lengua es un lecho fastuoso,
Al-Khansa’ duerme en ella como una esfera madura
cuando estoy a sus pies
como un barrio abandonado
el silencio silba a través de mí.
Y dentro de mi cuerpo
en las puntas de los pies,
llegan las elegías.


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