
Eres libre por fin, patria querida
cesó el yugo fatal que te oprimía,
para siempre cayó la tiranía,
que tanto tiempo tu recinto holló.
Levántate otra vez y con orgullo
a tus hijos contempla en la victoria…
ciñe sus frentes el laurel de gloria,
conquistado en el campo del honor.
¡Libre eres ya! Después de tanto tiempo
de una constante, ensangrentada lucha,
por todas partes con placer se escucha
de “Libertad” el grito repetir;
ya la bandera nacional triunfante
tremola en todas partes orgullosa…
Mas cubre con su sombra generosa
aun a aquellos que osaron delinquir.
Que si algunos ilusos descarriados,
ambiciosos de glorias y de honores
olvidaron tu enseña y tus colores
por la intrusa bandera del francés
al ver por la traición tu suelo hollado
levantóse entusiasta el pueblo entero,
y el pabellón de Napoleón tercero
cayó roto en pedazos a sus pies.
Así al héroe valiente de Magenta
contempla de tu pueblo ya vencido,
pues siempre puede más un pueblo unido,
que cien tronos o imperios a la vez,
y si ese pueblo con denuedo lucha
por recobrar su libertad perdida,
nada le importa, no, perder la vida,
si su patria después libre ha de ser.
Así los hijos del heroico Anáhuac,
peleando con valor, con arrogancia,
han demostrado a la soberbia Francia
que intentaba su patria esclavizar,
que nada son en Méjico sus leyes,
sus invencibles fuerzas, sus pendones,
pues cubiertos de oprobio, hechos girones
se han marchado muy lejos a ocultar.
Ya no más a las playas mejicanas
guardadas por tan nobles defensores
volverán otra vez los invasores
a quitarles el suelo o la heredad.
¡Méjico es libre! Y su preclaro nombre
de sus hijos la gloria inmortaliza.
El pueblo es grande al fin, y su divisa:
¡Independencia, Patria y Libertad!


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