
El hogar ya no es un lugar, no es un país. Es un sentimiento tan universal como especifico. Si hablamos demasiado de él, corremos el riesgo de que se desvanezca.
Lo que denominamos amor es, a menudo, algo más condicional. La recompensa ante una actuación. Algo con lo que te conformas.
Cuando sentimos que no tenemos control sobre nuestras circunstancias, cuando creemos que nada de lo que hagamos puede aliviar nuestro sufrimiento o mejorar nuestras vidas dejamos de tomar iniciativas porque consideramos que no tiene sentido.
Nuestro pasado común es omnipresente, pero innombrable.
El perdón no consiste en perdonar a tu abusador por lo que te hizo, consiste en que perdones esa parte de ti que fue victimizada y la liberes de toda culpa.
No hay perdón sin rabia.
La creencia determina nuestros sentimientos y los sentimientos, a su vez, influyen en nuestra conducta. Para modificar nuestra conducta debemos modificar nuestros sentimientos y para modificar nuestros sentimientos debemos cambiar nuestros pensamientos.
¿Y si culparte a ti misma no es más que una forma de mantener la fantasía de que el mundo está bajo tu control?
La base de nuestro sufrimiento constante es la creencia de que el malestar, los errores y la decepción indican algo sobre nuestra valía. La creencia de que las cosas desagradables de nuestra vida son lo que merecemos.
Llegue a ver la libertad porque aprendí a perdonar.
Cuando llegamos a creer que no hay manera de ser amado ni de ser auténtico, corremos el riesgo de negar nuestra verdadera naturaleza.
El perfeccionismo es la creencia de que algo está roto, tú. De modo que disfrazas tu rotura con títulos, permios, pedazos de papel, ninguno de los cuales puede arreglar lo que crees que estas arreglando.
Puedes vivir en la prisión del pasado o puedes dejar que el pasado sea el trampolín que te ayude a alcanzar la vida que deseas.
A pesar de las dificultades y las desgracias en nuestras vidas, en realidad gracias a ellas, todos tenemos la posibilidad de adoptar una perspectiva que nos transforme de víctimas a triunfadores. Podemos elegir asumir la realidad de nuestras dificultades y nuestra curación. Podemos elegir ser libres.
Veo que el pasado no contamina el presente, que el presente no disminuye el pasado. El tiempo es el medio, el tiempo es la vía, viajamos en él.
Tal vez curar consista en borrar la cicatriz, o ni siquiera en provocar la cicatriz. Curar es apreciar la herida.
Así es el proceso de la curación. Niegas lo que duele, lo que te da miedo, lo evitas a toda costa. Entonces, encuentras una manera de admitirlo y aceptas lo que más miedo te provoca, y por fin puedes soltarlo.
Hacer lo correcto casi nunca es hacer lo más seguro.
Cuando buscamos la venganza, incluso la venganza no violenta, estamos dando vueltas no evolucionando.
Perdonar es lamentarse por lo que sucedió y por lo que no sucedió. Y renunciar a la necesidad de un pasado diferente.
Ningún lenguaje es capaz de explicar la inhumanidad sistemática de esta fábrica de muerte creada por el hombre.
Gracias por la vida, y por la capacidad de aceptar por fin la vida tal como es.
Una vez que reconocemos y asumimos la responsabilidad de nuestros sentimientos, podemos reconocer y asumir nuestra responsabilidad en la dinámicas que modelan nuestras relaciones.
Correr riesgos no significa lanzarnos al ciegas al peligro, sino asumir nuestros miedos para no ser prisioneros de ellos.
Puede que no consigas lo que quieres, pero aunque no lo hagas estarás mejor que antes porque sabrás cual es tu posición. Tendrás más información y verás la auténtica realidad en lugar de una realidad creada por tu miedo.
La fuerza no consiste en reaccionar sino en responder.
El recuerdo fue mi salvavidas y ahora, ahora he alejado de mi el pasado.
Nadie puede quitarte lo que pongas en tu mente.
Huir del pasado o luchar con el presente es encarcelarnos a nosotros mismos. La libertad consiste en aceptar lo que hay y en perdonarnos.
Las quiero ♥
Terri S.

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