«Resignacion» de Rita Cetina Gutierrez

¡Qué veces he escuchado a mis amigos

Murmurar a mi oído estas palabras!

¿Qué tienes? ¿por qué lloras? ¿por qué sufres?

¿Por qué los ojos condolida bajas?

¿Por qué reclinas con dolor la frente

Debiendo con orgullo levantarla?

¿Por qué en vez de reír con nosotros,

tristes suspiros con dolor exhalas?

¡Ay Dios mío, Dios mío! Cuánto daño

Le causan estas frases a mi alma!

¿Pedirme a mí sonrisas, cuando apenas

Puedo alzar de la tierra la mirada;

Para implorar del cielo mi agonía

El plácido consuelo de las lágrimas!

Enhorabuena los que son felices

Rían a su placer, a carcajadas.

Déjenme a mí llorar, soplo llorando

Se mitiga la angustia que me afana.

Yo no puedo gozar. Gloria…laureles…

Cuantos goces el mundo me brindara…

¿Bastarían quizá, para volverle

A el alma mía, la perdida calma?

¿La gloria… el porvenir cuando aun apenas

No cumplimos tres lustros yo contaba,

Ávida de encontrar el placer y dicha

Fijé en el porvenir tierna mirada,

Y en vez de hallar en su volumen de oro

La frase halagadora de esperanza…

Con caracteres dobles miré escrita

Por la mano misteriosa otra palabra.

Jamás, leía en su primera hoja,

Jamás, jamás, en su postrera página.

Ahogando los sollozos de mi pecho

Quise huir de aquel sitio la mirada…

Sentí desfallecer el alma mía,

Humedecerse mi mejilla pálida…

Y en vano fue. Mis empañados ojos

En aquella palabra se fijaban,

Cual si quisiese mi mortal angustia

Borrarla para siempre con mis lágrimas.

¿Cuántas horas pasé sola, Dios mío!

Devorando mis penas y mis ansias,

Sin que una voz amiga en mi agonía

Un consuelo siquiera me brindara!

Sucediéndose una en pos de otra

¡Ay! las horas pasaban y pasaban…

Y al sentirlas marcharse para siempre

Mayor era mi pena y más lloraba.

Y al pasar otra hora…dentro el pecho

Sentí caer un bálsamo de calma,

Y una voz escuché que repetía

Con dulcísimo acento esta palabra:

Resignación, resignación…! De entonces

Devoro mis dolores resignada,

Sin pensar otra vez en el futuro

Fijar la vista de llorar cansada.

Qué me importa a mí, dichas, placeres?

¿Qué espero yo del mundo? Nada, nada.

Un consuelo no más tengo en la vida

Que mis agudos sinsabores calma.

Un consuelo dulcísimo que el cielo

En mi angustiado corazón derrama:

¡Ay! Llorar con dolor sobre la tumba

En que yacen mis muertas esperanzas


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