«Declaración de oscuridad» de Gioconda Belli.

Debo inventar un idioma para no decir. No para negar
porque de eso no se trata
sino para ocultar el dolor el quebranto la desilusión
esa que se entromete en la vida porque uno se ha ilusionado tanto
y ha querido creer –querer– y no dejar que los cuervos aquellos
–los cuervos de Poe– canten a ninguna hora del día.
Hemos dicho que creeríamos
porque creer siempre ha parecido una magnífica alternativa
una radiante ranura al otro lado de las puertas cerradas.

Tras las salidas los pasillos los túneles las compuertas
siempre el hilo la franja de claridad como índice señalando
senderos de difícil acceso. Pero he aquí que a la postre
uno llega a saber que se ha arrastrado por la entraña de
la tierra buscando el rastro que la luz ha dejado,
el puente para que el sol no se sumerja y salga apenas el
gallo cante la mañana,
y uno ha creído que la garganta de los pájaros guarda la
contraseña de la claridad y ha estrangulado el cuello
de los censontles rogándoles la nota
apresándolos entre los barrotes de la terca fantasía…
Pero nada de esto ha surtido el efecto esperado. Se
derrumban los pasajes y las piedras apedrean los sueños.
Entonces uno se entretiene mientras viene la muerte
en contar memorias y cantar recuerdos
en inventar idiomas para no ver –para no sentir– ni aceptar,
un idioma para no decir el final del fin y ocultar a los ojos de los hijos
la densa humareda que se alza del confiado, optimista corazón
que esperábamos dejarles de herencia
y que en cambio
será tan sólo el frío cáliz
que contemplarán
–compadecidos–
de mi agotamiento.


Comentarios

Deja un comentario