Frases de «Perras de reserva» de Dahlia de la Cerda

Quizas esa es tu misión. Juntar los huesos de mujeres muertas, armarlas, contar sus historias y luego dejarlas correr libremente adonde se tengan que ir.

México es un monstruo enorme que devora a las mujeres. México es un deiserto hecho de polvo de huesos. México es un cementerio de cruces rosas. México es un país que odia a las mujeres.

Una nunca está preparada para la muerte de una persona amada, nunca. Pero no era una muerte, eso era un arrebato. No era una muerte, era un robo. Te arrebataron con violencia de mi lado. Me solté a llorar desconsolada. Nunca había llorado de esa manera porque nunca me había sentido así. Era rabia y tristeza al mismo tiempo. Lo recuerdo y siento un nudo en la gargante. Fue terrible.

¿Cómo demuestras la misogínia si el asesino dijo que la amaba? El amor es misógino.

No existe un cuarto propio cuando ellos creen que nuestro cuerpo les pertenece.

Ya me di cuenta que hasta para valer verga, valgo verga.

Desde ese día, el día que no contestaste el teléfono, un perro negro me sigue a todos lados, es un perro negro que se llama melancolía, dolor, rabia y tristeza, y si te soy sincera creo que cada día voy de mal en peor.

No sé por qué me acordé de eso de repente, ves que los recuerdos llegan sin que una los esté buscando, son como ráfagas de confeti que aparecen cuando menos te lo esperas, como la mentruación que se te adelanta cuando vas a ir a la playa, pero no como cuando te encuentras cincuenta pesos en un pantalón al final de la quincena.

Entre brujas no azotamos las yerbas.

Se comío al chivo negro en una birria bien picosa mientras me hablaba de lo difícil que es ser el Señor de la Tinieblas.

Vieja bruja, no juegue con fuego si tiene el culo de paja.

No había enfermedad que no aliviara ni bicho que no expulsara, pero cuando llegó la edad de la punzada mi amá resultó ser una antorcha encendida y, como motosierra, no dejaba palo parado.

Desperté muy aturdida sin saber qué pedo. Miré de un lado a otro y di tremendo grito al ver mi cuerpo tirado en medio de un montón de basura. Me acerque lentamente y confirmé mis sospechas: estaba muerta.

El joven me miró sorprendido. Te diría que se quedo con cara de pendejo, pero esa ya la traía.

Lo que no le proponen a la vieja y a la querida y lo que ni siquiera presumen con sus amigos más íntimos porque se les desmorona la masculinidad, pues la masculinidad es como un mazapán, bien frágil, loba.

Me encomendé al Diablo porque Dios en esto no hace el paro.

«Dios mío, que los muros de Jericó caigan frente a mis ojos, quebranta las cadenas y llévate a este hombre a las puertas del Infierno. Dame la victoriasobre mi enemigo, derrumba los muros de mi prisión y las fortalezas que entristecen mi corazón» Como David ante la presencia de Jehová, dancé, dancé mientras veía con regocijo cómo el rostro de Efraín cambiaba de rojo a morado, y, al sonar de trompetas, confirmé su muerte.

Comenzó como un pensamiento. Nunca los subestimes. No lo hagas. Fue mi culpa, lo sé. Dejé de alimentarme con su palabra, me deibilité y me arrojé a los placeres mundanos, sí, a las deliclias de la carne. La mente es un campo de batalla, y Satanás lanza dardos de fuego en forma de imagenes que, aunque no lo parecen, son un ataque.

«Claro que me la rifé, en la sierra y en la ciudad yo soy la China», le contesté.

¿Cuántos muertos llevó? No sé, muchos. No me arrepiento. Yo puro estilo siciliano, sin remordimiento.

O se está con nosotros o se está bien con Dios. Acá vamos a faltar al quinto mandamiento y nos vamos a forrar en billete.

Las quiero

Terri S.